martes, 16 de enero de 2018

Yo quiero ser Química Médica - Júlia Dulsat Mas

Y yo quiero ser...Química Médica
(Por Júlia Dulsat Mas)


Escucha música mientras lees, vete al final.


Yo de pequeña soñaba con ser bailarina, después quise ser astronauta, más adelante decidí que quería dedicarme a la odontología y a día de hoy me he convertido en química médica. Como podéis ver cambié de opinión sobre mi futuro varias veces a medida que iba descubriendo mundo y ciencia. Pero por muchos cambios, me atrevo a afirmar que, si volviera a nacer, volvería a dedicarme a la química.

Cuando era pequeña tenía una curiosidad infinita y una necesidad, a veces un tanto angustiosa, de saber el porqué de las cosas.

Recuerdo una carta de reyes donde pedía un microscopio para poder buscar los pulmones de las plantas porque bien tienen que respirar si son seres vivos. Años más tarde, la ciencia me enseño que las plantas respiran a través de sus hojas captando el oxígeno del aire. Cuando preparábamos la cena los lunes me preguntaba porque las claras de los huevos se volvían blancas cuando se calentaban. Hoy sé que las proteínas de la clara del huevo se desnaturalizan cuando aumenta la temperatura, y por ello cambian su aspecto. Cuando era pequeña me preguntaba por qué el agua del mar era azul pero el agua que salía de la ducha no. Hoy sé que el agua es incolora, y el color del agua del mar se debe al reflejo del cielo en el mar.

Para esa época todavía no tenía muy clara la diferencia entre las distintas disciplinas científicas; pero lo que nunca dudé es que ciencia era lo que quería hacer en mi vida. Porque la ciencia tiene respuestas y una explicación para todo, y eso, es fascinante.

Empecé bachillerato, y conocí al profesor que hizo decantar la balanza hacía la química. Él me enseño la química de la forma más sencilla, cotidiana y divertida que jamás haya podido imaginar, el estudio y el aprendizaje se convirtieron en un juego el cual nunca he dejado (ni quiero dejar) de jugar. Gracias a él aprendí que con la química no existe frontera de lo imposible y que el único límite lo pone tu imaginación. Recuerdo que él siempre nos decía “¡Todo se puede explicar con la química!”

Y no se equivocaba, las plantas respiran por la difusión del oxígeno, las proteínas pierden su estructura cuando reciben energía, la interacción luz – materia explica los colores de las cosas. Cuando juntamos unos cuantos átomos en una forma determinada obtenemos un fármaco que nos alivia el dolor; si hacemos colisionar dos átomos obtenemos energía nuclear; cuando comemos nuestro organismo rompe la comida en partes más pequeñas que nos proporcionan energía y vitaminas; si nos queremos tirar a la piscina, el cerebro, mediante una señalización química avisa a nuestras piernas para que salten… ¡Fascinante!

Decidir estudiar química, creo que fue una de las mayores y mejores decisiones que he tomado en la vida. Me divierto haciendo ciencia, al tiempo que aprendo y además contribuyo a mejorar la calidad de vida de las personas.

La segunda decisión importante que tomé, fue cuando decidí que quería curar el cáncer. Esta tampoco fue una decisión tomada en un minuto, sino que su reflexión me llevo alguna que otra tarde; aunque recuerdo perfectamente el momento que vi la luz.

Me encontraba en el último año de mis estudios universitarios, todo eran dudas, indecisiones, un futuro por delante, todas las opciones posibles encima de la mesa y tocaba tomar otra decisión importante. Era momento de focalizar mis estudios, escoger un área de estudios, decidir, en pocas palabras, cómo o qué quería ser al cabo de 5 años.

Era una tarde de primavera, estaba tomado un café con una amiga y compañera de universidad y hacía meses que ese era nuestro tema de moda: ¿Y ahora qué? Y mientras hablábamos, yo iba reflexionando: quería un gran reto personal y profesional, que marcará un antes y un después en mi mundo y en el mundo científico (siempre me ha gustado pensar a lo grande); pero a la vez quería ayudar a la gente, mejorar sus vidas. Y las opciones se iban reduciendo… Prefería una bata de laboratorio antes que un traje y una oficina, prefería experimentar y divertirme probando nuevas cosas antes que seguir una rutina, y claro, quería hacer algo grande, un gran reto. Y de repente, lo vi todo claro: el cáncer, había que erradicar el cáncer.

Y así fue como decidí que de mayor quería ser química médica. Química, evidentemente, mi mundo gira en torno a dicha ciencia y médica porque, aun sin saber de medicina, trabajo en un tema médico como es la enfermedad del cáncer. Pero yo no me dedico a tratar pacientes, yo me dedico a intentar entender cómo viven y sobreviven las células de cáncer y encontrar un mecanismo o tratamiento que sea más fuerte que ellas.

Es completamente fascinante, cultivo unas células de pacientes extraídas con una biopsia del tumor, les doy de comer, las mantengo a una temperatura agradable para ellas y hago que crezcan millones y millones. Después les añado un biomaterial que solidifica y se forman unos micro-tumores de cáncer en el laboratorio. Es completamente fascinante. A los tumores les doy de comer y crecen, se hacen más grandes y aparecen más células. Y en este momento, empiezo a hacer volar la imaginación y a jugar. Y nunca se me olvida que “la química no tiene frontera en lo imposible”

Me dedico a entender el cáncer desde un punto de vista celular, cómo se organizan las células, sus mecanismos de resistencia a los fármacos, cómo se reproducen y cómo una sola célula es capaz de liberarse del tumor y anclarse a otra parte del cuerpo para hacer crecer otro. Para ello, imaginación: les cambio la temperatura, les inyecto fármacos, productos tóxicos, nanopartículas, les limito el oxígeno que tienen para respirar, las irradio con luz… y podría escribir páginas y páginas, y vosotros también podríais, de todas y cada una de las ideas para hacerle “la vida” más complicada a las células de cáncer. Es completamente fascinante.

Fig. 1. Células cancerígenas (PANC-1) y fibroblastos humanos (hNDF) con una tinción DAPI (azúl: núcleo, rojo: citoesqueleto), visto con un microscopio.

Porque después de todo, ellas siguen vivas y siguen reproduciéndose. Y eso es lo más fascinante de todo y uno de los retos más duros que he vivido nunca. En la selva, los animales sobreviven por la “ley del más fuerte”; cuando se trata del cáncer, sobrevive el más hábil y perspicaz. A día de hoy no lo somos los científicos, pero con más conocimiento y más juegos, algún día le vamos a ganar la batalla.

El cáncer, y encontrar su cura o un tratamiento eficaz es uno de los retos más impresionantes que tiene la comunidad científica a día de hoy. No es el único, pero para mí es el más sorprendente y formar parte de ello me genera una gran ilusión. Pero no termina aquí, cada día aparecen nuevos retos científicos y los químicos somos una parte muy importante en la búsqueda de soluciones.

Una vez te conviertes en químico, no hay nada que se te resista, y no lo olvides: ¡Con la química desaparece la frontera de lo imposible!

Júlia Dulsat Mas
Graduada en Química con un Máster en Química Farmacéutica
PhD candidate en el Departamento de Bioingeniería en la facultad IQS-SchoolofEngineering, Universidad Ramon Llull (Barcelona)

Escucha música mientras lees.


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